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miércoles, 27 de mayo de 2015

No tanto.

Las arañas me asustan, los zombies, las películas de miedo, pero sobre todo los fantasmas. Pero no los fantasmas en los que estáis pensando, no me refiero a esos que deambulan cubiertos por una sábana blanca, ni esos que mueven puertas y arrastran cuerpos de la cama.
Yo hablo de esos que vuelven, una y otra vez, que se cuelan en tu cabeza y se apoderan de ella. Esos que han formado parte de tu pasado y también de tu presente.
Hablo de los errores.
Los que te atormentan, te mantienen alerta todo el día y despierto toda la noche, aquellos que traen consigo oleadas de culpa que te ahogan como un tsunami. Como estar a la intemperie, en el océano, con el cuerpo débil de nadar y nada a lo que agarrarte. Y no te queda otra. Simplemente…
Te ahogas.
 O más doloroso aún.
Para que mentir.
Y la culpa es peor que un fantasma. El fantasma te asusta alguna que otra vez, pero la culpa vive en ti. Es parte de ti. Es parte de quien eres, y de cómo vives. Va contigo allá donde vayas, te acosa, como tu sombra. Te pregunta por qué hiciste lo que hiciste, o por qué no lo hiciste; por qué no lo hiciste de otra forma; por qué no lo hiciste mejor… Y un sinfín de porqués a los que no puedes responder. Pero eso no lo puedes remediar.
Hay que vivir con fantasmas, y con la culpa.
Nos guste más o menos. Siempre van a existir.
Solo hay que aprender…
A no temerles.
Yo no les temo,
No tanto.

¿Y tú?

- La fotógrafa. (aka sheis)

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