Las arañas me asustan, los zombies, las películas de miedo,
pero sobre todo los fantasmas. Pero no los fantasmas en los que estáis pensando,
no me refiero a esos que deambulan cubiertos por una sábana blanca, ni esos que
mueven puertas y arrastran cuerpos de la cama.
Yo hablo de esos que vuelven, una y otra vez, que se cuelan
en tu cabeza y se apoderan de ella. Esos que han formado parte de tu pasado y
también de tu presente.
Hablo de los errores.
Los que te atormentan, te mantienen alerta todo el día y despierto
toda la noche, aquellos que traen consigo oleadas de culpa que te ahogan como
un tsunami. Como estar a la intemperie, en el océano, con el cuerpo débil de
nadar y nada a lo que agarrarte. Y no te queda otra. Simplemente…
Te ahogas.
O más doloroso aún.
Para que mentir.
Y la culpa es peor que un fantasma. El fantasma te asusta
alguna que otra vez, pero la culpa vive en ti. Es parte de ti. Es parte de
quien eres, y de cómo vives. Va contigo allá donde vayas, te acosa, como tu
sombra. Te pregunta por qué hiciste lo que hiciste, o por qué no lo hiciste;
por qué no lo hiciste de otra forma; por qué no lo hiciste mejor… Y un sinfín de
porqués a los que no puedes responder. Pero eso no lo puedes remediar.
Hay que vivir con fantasmas, y con la culpa.
Nos guste más o menos. Siempre van a existir.
Solo hay que aprender…
A no temerles.
Yo no les temo,
No tanto.
¿Y tú?
- La fotógrafa. (aka sheis)
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